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  HACIA UNA REVOLUCION ECOLÓGICA

Uno tiende a creer que las cosas suceden por obra del azar; nacer en determinada fecha, país, familia, pertenecer a determinada etnia, hablar cierto idioma, profesar tal o cual religión, conocer a ciertas personas, vivir determinadas circunstancias, alcanzar cierto grado de desarrollo, ser felices o no, todo eso y muchas otras cosas, y es probable que así sea,  pero ¿ por qué no atrevernos a entrar en el inocuo terreno de las suposiciones, y plantearnos algunas cosas que suelen dejar un margen de duda suficiente como para que tenga sentido proponer otra perspectiva? y esta es, ¿y  si así no fuera  lector/a, si las cosas no resultaran por azar, si toda esta serie de eventos aparentemente inconexos estuvieran meticulosamente planeados por entidades espirituales superiores en función de nuestras necesidades evolutivas, tanto individuales como colectivas?  ¿qué pasaría si algún día despertáramos por la mañana y los diarios nos dijeran que la ciencia a comprobado empíricamente que nuestra hora de nacimiento determina cualidades psíquicas según la posición de los planetas y las estrellas y que estas influyen fuertemente en nuestro destino como hace milenios vociferan los astrólogos?, o que nuestro país de nacimiento, etnia e idioma, o creencia religiosa es producto de nuestro estadio evolutivo, ya que de allí deviene el grado de responsabilidades colectivas que podemos asumir, puesto que no es lo mismo el potencial de posibilidades de un ciudadano de El Zaire que uno de USA, o si anunciaran también que algunas personas que hoy conocemos ya hubiesen vivido antes con nosotros en otras vidas, en otras circunstancias, con otro tipo de vínculo. Que nuestro desempeño en una vida equivale a determinadas circunstancias en otras, según las creencias de reencarnación y leyes del Karma y del Dharma que proliferan en oriente. Que el universo y todo lo que en el existe está regido por inflexibles leyes físicas y metafísicas. Que no existe la injusticia tal como la conocemos, en cambio, un intrincado proceso de acción y reacción.

Es probable que nada de lo que aquí suponemos sea así, que nunca veamos en los diarios semejante cosas, que la realidad es así tal como la vemos, que todo aquello que no podemos ver, tocar o medir respecto de estos temas, solo sea producto de la imaginación de artistas creativos o filósofos lisonjeros. Pero en todo caso, cuando el mundo se pone patas para arriba, ¿no es preferible lector/a creer que las cosas suceden por alguna razón que trasciende nuestra comprensión y no por que somos meras victimas a merced de las circunstancias?  ¿que el dolor y la dicha que somos capaces de conseguir nos tiene como protagonistas según nuestro propio mérito y no como meros convidados casuales al fantástico festín de la vida? Tal vez sean muchas preguntas para tan pocas respuestas y que  este exótico cuadro de suposiciones conste del mismo valor intrínseco que rascarse el ombligo, pero no obstante, por sólo la remota posibilidad de que al menos en parte esto pudiera suceder, vale la pena el hacerse estas preguntas y optar por aquello que más nos plazca a nuestros intereses, al fin y al cabo, para eso existe el libre albedrío y no deberíamos desperdiciar tamaño privilegio.

Hace unos cuanto años, se dice que a mediado de los 70, el presidente Jimi Carter, de los USA, pidió un informe a sus colaboradores a cerca de cual sería el impacto ambiental y económico si todos los países del planeta entraran en una era de crecimiento y prosperidad. El informe los dejo atónitos, arrojó resultados increíblemente peligrosos para la preservación del medio ambiente planetario y para los intereses norteamericanos en particular, este decía que si China,  India y el resto de los países del tercer mundo aumentaba el ingreso per capita, o sea, su poder adquisitivo en tan solo unos pocos dólares, (ni siquiera hacía falta tanto) esto se traduciría inmediatamente en mayor poder de consumo, tanto de alimentos como de elementos de bienestar, o sea, cientos de millones de automóviles, heladeras, aire acondicionados, y fábricas sumándose al sistema, con lo cual, se generarían dos elementos perniciosos para el mundo desarrollado, por un lado, los recursos naturales del planeta comenzarían rápidamente a agotarse; petróleo, acero, alimentos, y materias primas en general, y por otro lado, la contaminación seria tan feroz que la disminución de la capa de ozono y el calentamiento de la tierra por parte de los gases de clorofluorocarbono, el smog, y los desechos tóxicos  llegarían a un grado catastrófico en menos de 30 años. A partir de allí, se dice también, que siempre previsores estos señores se abocaron a diseñar un plan para asegurar la permanencia del status quo imperante y preservar el estilo de vida americano, ( recordemos lo que pasó no hace  mucho tiempo con la guerra del golfo, no fue la lucha por la libertad ni los derechos humanos lo que la detonó, sino asegurar el suministro de petróleo que necesitaba la economía norteamericana) y este plan que constaba de tres fases se llevaría a cabo, considerado como un mal necesario debiendo hacerse aún a costa de la miserias de otros países, por un lado, sabotearían cualquier esbozo de desarrollo en los países subdesarrollados, incluyendo a Latinoamérica, implementando operaciones para desestabilizar democracias y sistemas políticos-económicos en cuanto país no contribuyera a los intereses norteamericanos, por otro lado trasladarían la industria pesada ultra contaminante a Europa, esta sería la gran factoría encargada de producir aquellos bienes no estratégicos y con ello evitarían destruir su medio ambiente natural, y el tercer paso consistiría en enfocar su propio proyecto de producción, concentrándose en las industrias sin chimeneas: turismo, agricultura, fundamentalmente al desarrollo  tecnología de ultima generación y de altísimo valor agregado y servicios financieros para el resto del mundo, en fin, los EEUU se convertirían y preservarían como en un gran oasis aún cuando en el mundo reinaran la escasez y la polución.

Sea cierto o no este intrincado “complot”, que tiene cierto tufillo a ciencia ficción, no importa mucho a esta historia de los acontecimientos, si lo fuera, evidentemente han logrando sus objetivos prácticamente en un 100 %, tanto por merito propio como por la impericia ajena, y si no, todos los actores de la escena han jugado a su favor, pero más allá de esto, sería importante resaltar, (sin olvidar lo que decíamos al principio de la nota acerca de que nada ocurre por casualidad y demás), que la realidad tangible que nos toca vivir tampoco suele ser un proceso casual, sino que responde a los intereses y manipulaciones del imperio de turno, antes lo hicieron los griegos, los romanos, los ingleses, los españoles , las cruzadas, y tantos otros, siempre disfrazando los saqueos y sometimientos detrás de la fachada de civilizar, cristianizar, modernizar, etc. así que nuestros buenos vecinos del norte seguramente no serían la excepción, y aunque es evidente que los métodos han cambiado bastante respecto de algunos siglos atrás, pues ahora se conquista a través de la economía y de la invasión cultural sistemática, el juego sigue siendo el mismo. Ahora bien, como evitamos esto sería la gran pregunta.

En este sentido, por más vueltas que se le dé , a todas luces la que se impone como la mejor de las soluciones a este problema es la educación. En esta era de la información y el conocimiento que ya llegó,  el peor enemigo individual y colectivo no es otro que la ignorancia, el que no sabe no ve, y el que no ve camina a tientas en un mundo de depredadores donde prima la supervivencia del más apto, pero lo peor de todo, no es sólo que esta “ceguera” nos impide “ver” el peligro y  quienes nos acechan, sino que no nos permite ver las oportunidades que se nos formulan a cada paso del camino aunque estas nos palmeen la espalda. Respecto de la sobreexplotación de los recursos del la tierra, lo que no le avisaron al bueno de Jimy Carter es que existían otras alternativas viables para evitar el colapso, estas se llaman desarrollo sustentable, protección del medio ambiente, control de la natalidad, y muchas más, y esta toma de conciencia (que no es tan nueva) esta tomando el grado de una revolución ecológica profunda, que va lentamente haciéndose carne en la sociedad, hoy en día una empresa “seria”es aquella que considera buena parte de sus presupuestos anuales a causar el menor impacto ambiental y producir sin depredar, y paralelamente también comienza a desarrollarse una industria orientada hacia este tema, y aunque la marcha no es tan rápida como nos gustaría, es indetenible, ya que este cambio no parte desde las esferas de los gobiernos, sino de las organizaciones no gubernamentales, de ciudadanos comunes y finamente, de nuestros propios hijos, lo cual la convierte quizás en la mayor de las garantías de consolidarse. Y si consideramos esto último, ya no hay excusas para no hacernos responsables de la herencia que legaremos a quienes nos sucedan y de los devenires de nuestra pequeña aldea.